¿Rejuvenecer con dolor o envejecer con gracia?

Hace varios años mientras leía una revista, encontré una frase que me llamó mucho la atención, la cual desde entonces ha sido un tema de reflexión: “Yo nunca cambiaría sabiduría por juventud”. Lamentablemente, vivimos en una época en la que la juventud ocupa un lugar muy importante en muchos ámbitos de la vida, a tal grado que la sabiduría adquirida a lo largo de los años ha pasado a un segundo plano (por no decir último).

La juventud suele asociarse con belleza y ésta, con éxito. A la mujer, por ejemplo, suele imponérsele que debe hacer lo imposible por parecerse a una modelo o a una artista de cine. No es casualidad que el trasfondo de muchas campañas publicitarias dirigidas a mujeres sea hacerlas sentir mal con ellas mismas, todo con el fin de venderles prácticamente cualquier cosa que las haga “rejuvenecer” y verse bellas.

Como sociedad estamos viviendo muchas crisis y una de ellas es la desvalorización del ser humano cuando no cumple con los estándares impuestos por la sociedad misma. No es que el querer vernos bien por fuera esté mal o sea sinónimo de vanidad o superficialidad.

¡Por supuesto que debemos de tratar de vernos bien de acuerdo a nuestra personalidad y estilo personal! Esto es parte importante de la autoestima de una persona. Es cuando nuestra apariencia exterior llega a ser lo único que importa en nuestra proyección hacia el mundo que nos rodea que debemos hacer un alto y re-analizar nuestras prioridades en la vida, incluyendo el legado que queremos dejarle a nuestros hijos.

Mi consejo es que seamos cautelosos con las estrategias de “rejuvenecimiento” que la tecnología del siglo XXI nos ofrece. Antes de adquirir un producto o servicio que nos “rejuvenezca”, informémonos adecuadamente sobre cómo funciona y los riesgos que implica. En el mercado existen excelentes opciones para ayudarnos a desacelerar el paso del tiempo, pero otras son tan sólo un engaño o representan un riesgo para nuestra salud [e incluso nuestra vida].

Seamos auténticos con nosotros mismos, pero más que nada realistas… realistas para aceptar los efectos del envejecimiento y así ser capaces de envejecer con gracia. Al final del día lo que realmente importa es ser joven en espíritu, ¿o no?

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