Mujer: El poder de sentir más está en tí

Por: Lcda. Yosahandi Alcalá, Psicóloga Clínica y Sexóloga Educadora
@YosahandiAlcala

Una de las funciones de la sexualidad femenina es sentir placer, tanto con el propio cuerpo como al compartirlo. Lamentablemente todavía estamos en una época en la que hablar o educar para que la mujer pueda tener placer sexual es visto como malo e incluso prohibido. A esta forma de ver la sexualidad femenina se le suman los miedos y/o los prejuicios que hay en las mujeres, puestas o impuestas por ellas mismas y por la sociedad.

La sociedad tiene una gran influencia en la forma en la que las mujeres viven su sexualidad, a tal grado de que en muchas llega a truncar su capacidad de vivirla plenamente. La razón de esto son los estereotipos, prejuicios e ideas propias sobre el sexo que existen en muchas sociedades. Un ejemplo de esto es el estereotipo que la sociedad impone sobre lo que es una “mujer perfecta”, como por ejemplo las medidas, las formas y los tamaños exactos que debe de tener. Esto desde luego causa presiones y decepciones en las mujeres que no cumplen con estos estándares, dando lugar a que no les guste su propio cuerpo y, en consecuencia, a que crean que tampoco le gustará a los hombres. Además, se crea un sentimiento de frustración e inferioridad ante las demás mujeres.

Para cambiar estos conceptos estereotipados, debemos comenzar por comprender su origen. Los pensamientos e ideas propias del sexo se dan a partir de dos grandes fuentes: 1) la educación y 2) la información (buena y mala) que la mujer ha tenido durante su vida.

La forma en la que se maneja el tema del sexo y el del “ser mujer” (como lo que se aprende en casa de lo que implica ser una “buena” o “mala” mujer), influyen en la forma en la que cada mujer verá la sexualidad. Asimismo, la información que recibe la niña o la adolescente en el sistema educativo y por parte de sus amigas también son factores influyentes.

Estas dos fuentes de datos, aunque no se tengan tan presentes, están en el inconsciente y afectan la forma en la que la mujer vive y se desenvuelve en el sexo. Además, son algunas de las causas por las que pueden llegar a presentarse disfunciones sexuales, entre ellas la falta de deseo sexual y la anorgasmia (cuando no se alcanza el orgasmo). Por otro lado, pueden afectar la sexualidad de la mujer después de convertirse en madre, ya que la lleva a olvidarse de su papel de mujer y de cómo disfrutar de su sexualidad.

Un buen ejercicio para iniciar el cambio es reconocer los mensajes que se han recibido por parte de la familia sobre el sexo y sobre lo que significa ser mujer. Debemos también ser capaces de dar nuestra propia opinión sobre estos temas, lo que generará más ideas y más opiniones, dando lugar a pláticas enriquecedoras y de aprendizaje. Solamente así podremos tener las ideas claras sobre la sexualidad femenina.

La reconciliación con tu propio cuerpo también es fundamental. Para ello, te recomiendo el siguiente ejercicio: Párate frente a un espejo de cuerpo completo, idealmente sin ropa. Obsérvate despacio de pies a cabeza (o de cabeza a pies como prefieras). Presta atención a cada área de tu cuerpo. Luego, escribe en una hoja todo lo que gusta y lo que no te gusta. De las cosas que no te gustan, incluye en una columna las que tienes que aceptar porque no se pueden cambiar (como por ejemplo tu estatura, tu color de piel y el tamaño de tus pies) y en la otra columna, aquellas que si se pueden cambiar o mejorar (entre ellas el cabello, los dientes, el peso, las cicatrices, etc.). Con esta lista puedes empezar a trabajar en lo que puedes mejorar y en lo que tienes que aceptar.

Una vez estés encaminada en estos pasos, podrás empezar a cambiar el presente en cuanto a tu forma de ver y de vivir tu sexualidad. El paso siguiente es el trabajo en pareja, de tal forma de que vayan a un mismo ritmo, sin presiones y aprendiendo a disfrutar juntos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *