Lo que debemos saber sobre el incesto

Por: Lcda. Ester Mayorga Valladares, Psicóloga Clínica de Niños y Adolescentes

El incesto vamos a definirlo como las relaciones sexuales entre consanguíneos o afines a quienes les es prohibido por ley contraer matrimonio. Hoy lo abordaremos desde relaciones sexuales dadas entre un adulto y un niño, ya sea dentro del núcleo familiar o bien, dentro de los círculos a los que el niño pertenece.

El incesto se puede describir como un asesinato sin cadáver, al parecer sin evidencia alguna. Sin embargo, es un asesinato psíquico, en el que el niño/a como víctima entra en una gran confusión entre amor y sexualidad, pues pasan a ser el objeto de placer de quien aman y quien dice amarlos y en quien confían.

Usualmente las víctimas no están conscientes de serlo, debido a que el incesto se solapa, por parte del victimario, con “demostraciones de amor” con las que hacen creer al menor que es algo “normal” entre parientes y que es así como “se les toca a todas/os los demás”. Es necesario tener en cuenta también que al sexualizar prematuramente a la niña/o, se enfatiza el placer sexual fisiológico, lo que provocará una mayor confusión en las víctimas y refuerza el poder del ofensor.

A nuestros niños se les ha enseñado que deben de cuidarse de extraños que puedan hacerles daño. Sin embargo y de acuerdo con la Comisión Nacional contra el Maltrato y Abuso Sexual Infantil (CONACMI), de diez casos de violencia sexual reportados, no menos de nueve son cometidos por miembros de la familia; es decir, el peligro muchas veces puede estar dentro de casa. Por lo tanto, es sumamente necesario que se esté alerta a cualquier signo que pueda ser un indicador de que esto esté sucediendo, entre ellos cambios de conducta, golpes, lastimaduras o bien síntomas de alguna enfermedad de transmisión sexual.

Según los últimos estudios estadísticos las víctimas de este tipo de violencia sexual son niños menores de 15 años, lo cual de alguna forma, viene a garantizar el no ser denunciados o bien apresados. La tendencia va entre los 14 a los 16 años.

El incesto pasa por ciertas fases, las cuales están definidas a partir de la frecuencia con las que se han utilizado. Las fases son las siguientes:

1. Fase de atracción

Es aquí donde el agresor identifica a la víctima y comienza a crear vínculos de confianza (si aún no están hechos) o a afianzarla a través de regalos, buenos tratos que van acompañados de la manipulación, la característica principal del abusador. En esta fase entra también el que el abusador se comporte muy amable y respetuoso delante de los demás, para asegurar una buena imagen y no levantar la menor sospecha.

2. Fase de interacción sexual

Luego de tener enganchada a su víctima y demás familia, comienza a actuar a través de manipulaciones, haciéndole creer al menor que “es normal, que a todos les hacen lo mismo” y es la manera de “demostrar su amor”.

3. Fase del secreto

El victimario por supuesto cubrirá sus espaldas a través de las amenazas solapadas: “Esto es entre nosotros”, “nadie debe saberlo, pues si no ya no nos van a dejar estar juntos”, “este el juego del secreto, nadie debe saberlo, si alguien lo dice, pierde”, etc.

4. Fase de revelación

Es en la fase en que ya sea el niño habla o bien es identificado por alguien más. Es aquí en donde el abusador pasa de ser el aliado seductor a un abusador cruel, un enemigo, quien tratará de volcarle a los demás familiares para salvaguardarse.

5. Fase de supresión posterior a la revelación

Los papeles se invierten y es el menor quien es “culpable” ahora. Si no hay un tratamiento adecuado para el niño/a, es aquí donde es posible que guarde silencio, se avergüence y niegue lo sucedido, con tal de permanecer en su familia y que ésta lo siga amando y aceptando.

El incesto merece que se le dé la importancia que merece. Los padres o encargados del menor deberán estar atentos e informados sobre el tema, así como asegurarse de quiénes son los que cuidan de sus hijos y de qué manera lo hacen. El diálogo entre padres e hijos es indispensable, pues muchas veces no es denunciado por no saber que lo padecen. El saber actuar al notar cualquier signo o síntoma sospechoso es básico. Asimismo, se debe estar consciente que no sólo es necesario denunciar, sino que avocarse a un profesional para identificarlos y recibir el tratamiento adecuado para evitar que las huellas traumáticas dejadas por estos actos repercutan en su calidad de vida.

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