La importancia de la expresión emocional en el sexo masculino

Por: Lcda. Irene Buonafina, Salubrista Pública

Escuchar a expertos hablar del sexo opuesto siempre me ha parecido muy interesante, sobre todo cuando explican las diferencias entre ambos sexos basándose en las conductas que cada uno ha aprendido a lo largo de la historia del ser humano.

Un rasgo que me llama mucho la atención es que el hombre tiende a ser emocionalmente reservado, mientras que la mujer suele ser muy emotiva en su expresión. De acuerdo a nuestra psicóloga experta Karin de Schwank, evolutivamente, desde la época de las cavernas, el hombre se vio en la necesidad de manejar su emocionalidad de forma reservada. Mientras iba de caza, tenía que ser cauteloso y estar muy alerta a su entorno, de tal forma de no llamar la atención de las bestias y convertirse en su presa. La mujer, en cambio, junto con el resto de las mujeres de su tribu, ahuyentaban a las bestias (incluso sin darse cuenta) con el ruido que hacían mientras realizaban sus quehaceres domésticos.

Para explicar mejor este tema, cito textualmente las palabras de Karin:

“El hombre no tiene la habilidad innata de expresarse emocionalmente, razón por la que tiende a llevarlo todo hacia adentro. Sin embargo, como también tiene necesidad de expresión, recurre a expresar su ansiedad de forma muy física. Es por ello que el hombre tiene una gran necesidad de cercanía, de sentirse sostenido y acompañado (incluso más que la mujer). Cuando el hombre no logra conectarse de forma emocional o afectiva, la forma sexual es casi la única en la que logra hacerlo. Por esto es que el factor sexual es tan importante en el hombre”.

Afortunadamente, el hombre puede aprender el lenguaje emocional. El rol que juegan en esto tanto la madre como el padre de un hijo hombre es fundamental. Es importante dejar atrás esas normas sociales que llevan al hombre, desde su niñez, a abstraerse de sus emociones. Las frases como: “Los hombres no lloran”, “El hombre es el sexo fuerte” y “No puedes tener miedos”, tienen ya el respaldo científico de ser sumamente retrógradas y primitivas. Asimismo, la afectividad del padre hacia su hijo hombre, lejos de hacerlo “débil” o “femenino”, genera lazos afectivos muy fuertes entre ambos, lo que a su vez contribuye a que ese niño se identifique sexualmente con su propio género.

Ya para terminar, me atrevo a decir que el bienestar y la sobrevivencia de la raza humana dependen de que tanto hombres como mujeres seamos seres emocionalmente sanos, así como capaces de relacionarnos afectivamente y comunicarnos de forma asertiva.

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