La erótica y su evolución en nuestra vida

Por: Lcda. Eileen Ranscht, Sexóloga

Para comprender cómo la erótica está evolucionando en el transcurso del tiempo, hay que saber qué se entiende por erótica. Muchas veces tenemos una idea muy limitada del tema y pensamos de forma muy estereotipada. Por ejemplo, si utilizamos la imagen erótica transmitida por los medios de comunicación y la mayoría de las películas, la erótica sería más o menos el coito entre una mujer y un hombre que cumplen con ciertos modelos de belleza y tienen la edad para poder procrear.

En realidad, esta imagen deja afuera expresiones no coitales que forman la gran parte de un abanico erótico que es mucho más amplio y diverso. Además, deja afuera a la mayoría de las personas que no cumplen con estos requisitos de belleza, como personas mayores, personas con ciertas discapacidades, personas con enfermedades crónicas y personas homosexuales, entre muchas más.

Erótica es “una forma concreta de expresar la sexualidad humana”. Ahí entran los deseos, los gestos, las fantasías, las conductas, etc., que llegan a ser infinitos. Y, como ya sabemos que cada persona es única e irrepetible en su personalidad y sexualidad, es obvio también que cada uno tiene su propia forma de expresarse eróticamente.

La erótica persigue diferentes objetivos, entre ellos divertirse, comunicarse, relacionarse, dar y recibir afecto, así como tener hijos si se desea. Nos permite conocernos, querernos, aprender a disfrutar y descubrir, tanto en lo individual como en lo común. En fin, no se encuentran solamente dos genitales, sino que hombres y mujeres -sean homosexuales o heterosexuales- quienes entremezclan expectativas, valores, creencias, miedos, identidades, particularidades y sexualidades, tiñendo de este modo la vida erótica de cada uno.

Vivimos y expresamos nuestra sexualidad y erótica con el objetivo de hacerlo de forma satisfactoria. No se trata de sólo conseguir orgasmos o de buscar un tipo de aprobación por la pareja, sino de una satisfacción antes, durante y después del encuentro erótico. Siempre es importante que hagamos solamente lo que deseamos, con quién lo deseamos y del modo que lo deseamos. Eso suena más fácil de lo que en realidad es, ya que frecuentemente se busca sentirse aceptado, superar un “examen” de masculinidad o feminidad o cuando el modelo de hombre o mujer se define por la pareja, tener una relación o hijos.

Toda la vida estamos evolucionando y cultivando nuestra relación con nosotros mismos y los demás. Por lo tanto, no sorprende que también nuestra vida erótica no siempre sea la misma en las distintas etapas vitales.

La etapa de la adolescencia está caracterizada por el despertar de las hormonas sexuales y sus respectivos cambios corporales, sociales y psicológicos. Es una etapa bastante caótica: de encontrarse, conocerse, confundirse y redefinirse; es una etapa en donde la sexualidad y la erótica es un tema primordial. En general, eso tampoco cambia en la vida adulta, pero la diferencia es que en la adolescencia los cambios son tan bruscos que ocurren en un espacio de tiempo muy corto y frecuentemente con pocos recursos para adaptarse tan rápido. Además las hormonas, el impacto del primer enamoramiento y las primeras experiencias eróticas a solas o con otra persona pueden hacer la vida aún más compleja.

También en la etapa adulta seguimos conociéndonos y redefiniéndonos, tanto a nivel personal como a nivel de nuestras relaciones -sea con una pareja permanente o parejas cambiantes- y eso tiene un impacto fuerte en nuestra vivencia erótica. Las necesidades de cada uno cambian y así también, el deseo sexual y las expresiones eróticas. Vamos evolucionando durante la vida, siempre adaptándonos a nuevas circunstancias. Por ejemplo, la vida erótica después de la fase del enamoramiento, un embarazo, la vida como padres, crisis personales o de pareja, la andropausia, la menopausia, posibles enfermedades crónicas, etc.

Lo importante en todo momento es aceptar que la erótica siempre evoluciona, nunca se queda igual y nunca regresamos a lo mismo por el simple hecho de que nosotros no somos los mismos tampoco. Dependiendo de cómo vivimos esta evolución, podemos ser auténticos y disfrutar nuestra erótica hasta el último día de nuestra vida.

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