La autenticidad como forma de vida

Cada cierto tiempo, una vez al mes por lo menos, considero que debemos dedicar un momento para analizar y cuestionar lo que estamos haciendo y lo que no estamos haciendo para el cuidado de nuestra salud y bienestar.

Si lo queremos ver con un enfoque holístico, debemos incluir esos aspectos profundos y existenciales de la vida, de tal forma de “englobar” el tema de nuestra salud. También debemos cuestionar nuestras formas de ser, de reaccionar y de expresarnos. Con frecuencia, nos juzgamos (algunas veces de forma muy severa) por no ser como quisiéramos ser o por lo que la sociedad nos impone a ser. En fin, nos castigamos por no ser lo que realmente somos.

La autenticidad, en mi opinión, es algo que hemos perdido, día con día, generación tras generación. Desde la niñez, como mecanismo de sobrevivencia, aprendemos a no ser auténticos. Ya en la adultez, esto se convierte en un modus vivendi. Estas actitudes, aprendidas durante lo que llevamos de vida, son las que transmitimos como madres y padres a esas pequeñas personas, quienes a su vez, simplemente aprenden a no ser ellos mismos. Son, en realidad, un reflejo de nosotros, sus padres.

Propongo entonces que nos tomemos un momento para analizar nuestro presente, intentar comprender (y perdonar) nuestro pasado, pero más que nada ver hacia el futuro para saber que lo único que necesitamos es ser nosotros mismos.

Disfrutemos nuestra vida, nuestra existencia y nuestro ser. Levantémonos cada día con la convicción de que la vida es una oportunidad para hacer algo, pero algo bien hecho. Sólo de esta forma seremos capaces de CELEBRAR la vida de nuestros hijos, esas personitas que se merecen lo mejor de nosotros, porque por nosotros están vivos.

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