Anécdota de uno de los impactos de la obesidad en la sociedad

Por: Lcda. Irene Buonafina, Nutricionista y Salubrista Pública

Como nutricionista, inevitablemente mantengo la mente alerta ante todo lo que tiene que ver con mi profesión. Uno de los aspectos que me llama mucho la atención es el exceso de peso que tantas personas tienen hoy en día. Casi de forma automática, cuando estoy en lugares públicos, me fijo en las personas y familias con problemas de sobrepeso.

En una ocasión, me quedé dentro del carro mientras mi esposo hacía unas compras. A la par mía había un parqueo destinado a personas con discapacidades, el cual [raramente] estaba vacío. Luego de un rato, se estacionó un carro del cual se bajaron varios jóvenes, todos con sobrepeso. La que más me llamó la atención fue una joven quien con dificultad logró salir del carro debido a una terrible obesidad (grado 3 en términos técnicos). Mientras la miraba caminar a través del retrovisor, pensaba si su obesidad era una razón válida para ocupar este parqueo, el cual, a mi forma de entenderlo, está destinado a personas que no pueden o tienen dificultad para caminar por otras razones que no incluye el ser “gordo/a”. Tuve la intención de bajar la ventana y decirle que tuvieran la sensatez de parquearse en otro parqueo, pero no lo hice. En su lugar, opté por quedarme callada y continué analizando la situación.

El sobrepeso y la obesidad son condiciones muy complejas, en las que intervienen múltiples causas. Quien tiene exceso de peso es porque a lo largo del tiempo su balance diario de calorías es positivo, lo que quiere decir que come más de lo que su cuerpo utiliza en forma de energía. Si bien es cierto que existe un componente genético como factor de riesgo de la obesidad, el cual obviamente no es modificable, la mayoría de factores están relacionados al estilo de vida y son modificables.

En muchos de los casos, el exceso de peso es el resultado de un trastorno alimenticio que lleva a la persona a comer de más como una estrategia para anestesiar esos sentimientos y emociones que le causan dolor. Me atrevo a decir que todos, en más de una ocasión, hemos comido de más para calmar emociones de enojo, de miedo y de ira, así como para aliviar esa sensación de “soledad” que la vida a veces nos provoca. Si esta situación se sale de control, muy probablemente desarrollaremos un problema de sobrepeso. Es por estas razones que no podemos pretender encontrar la solución en una “dieta mágica”, ni exclusivamente en un experto en nutrición. El exceso de peso, por ser una condición de múltiples causas, requiere de un tratamiento multidisciplinario que involucre a un equipo de profesionales de la salud, de los cuales el más importante, según mi opinión, es un psicólogo especialista en trastornos alimenticios.

En cuanto a mi conclusión ese día sobre si una persona obesa tiene derecho a ocupar el parqueo destinado a personas con discapacidades, salvo que sea una persona obesa de la tercera edad, mi respuesta es: NO. La obesidad, si bien en la mayoría de los casos es consecuencia de una enfermedad mental y que definitivamente afecta la capacidad de locomoción, no debe verse como una discapacidad física. Si como sociedad llegamos a verlo de esa forma, los centros comerciales tendrán que ofrecer servicio de “valet parking” porque los parqueos para personas discapacitadas, que vale resaltar son quienes realmente los necesitan, no serán suficientes para cubrir la alta demanda por parte de las personas obesas. Lo que debemos hacer es promover todos aquellos espacios y acciones que nos permitan ser personas emocionalmente sanas y físicamente activas.

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