En la búsqueda del verdadero hombre y de la verdadera mujer

Por: Lcda. Eileen Ranscht, Sexóloga

Todos nacemos biológicamente predispuestos para ser hombres o mujeres. Por supuesto, los genitales nos dan una pista bastante confiable para saber si el bebé es niño o niña. Sin embargo, no siempre es el caso correcto y los genitales tampoco son el factor principal para determinar la identidad sexual de una persona. Simplemente son el elemento más visible al inicio de la vida porque el bebé todavía no puede manifestar su verdadera identidad.

Durante la gestación, el bebé atraviesa muchos procesos en los que desarrolla su aparato genital y su cerebro. Este último es el factor primordial para determinar la identidad sexual. De hecho es el órgano sexual más importante de todos, no solamente para la identidad, sino también para la sexualidad y la erótica de cada uno. Es así que el cerebro es un elemento sumamente importante. Además de las razones obvias, es la parte responsable de la formación de la identidad sexual que el niño comienza percibir a partir de los 2 ó 3 años. Es decir, a partir de esta edad ya puede manifestar si es un chico o una chica. En la mayoría de los casos, esta manifestación de identidad corresponde a sus genitales. En los demás casos, si no corresponde, estamos ante un caso de una posible persona transgénero.

Es importante saber y aceptar que los genitales son una parte de nuestro ser, hombre o mujer, pero no nos determinan como tal. Lo que nos afirma si somos hombre o mujer es nuestro cerebro, el que nos da este sentimiento. Los niños pequeños no se identifican como chicos o chicas por tener un pene o una vulva. Todavía no hacen esta conexión.

Lo que sentimos siempre es la respuesta acertada con respecto a nuestra identidad sexual porque podemos cambiar la apariencia o los comportamientos, pero no podemos cambiar lo que sentimos, aunque sí lo podríamos oprimir.

Teniendo en mente lo que mencioné anteriormente, mi pregunta es: ¿Por qué este sentimiento no es suficiente para ser un verdadero hombre o una verdadera mujer?

Desde el nacimiento del bebé empezamos a transmitirle el mensaje de que no es suficiente ser un chico o una chica, sino que hay que ser un chico de verdad o una chica de verdad, como que existiera una valorización entre chicos y entre chicas.

Según los genitales del bebé se compran cosas en rosado o azul, se anima al niño o a la niña a comportarse y vestirse de cierta manera, a jugar con juguetes que se considera típicos para su sexo, etc. Creo que todos conocemos este debate de los roles y expresiones de género. Muchos niños y niñas en nuestra sociedad crecen entonces con la idea de que no son niños o niñas de verdad si transgreden estas “reglas” estereotipadas.

En este sentido, la pubertad frecuentemente parece una batalla sin remedio. Al llegar a la adolescencia estos niños deben enfrentar una redefinición de la identidad sexual y la orientación del deseo y la erótica, además de los cambios hormonales. Y la sociedad, incluyendo muchas veces a la familia y la escuela, no aportan ningún apoyo. Por el contrario, siguen transmitiendo el mensaje que para ser un hombre de verdad o una mujer de verdad hay que cumplir con ciertos requisitos, por ejemplo: modelos de belleza, “actitudes masculinas o femeninas”, etc.

La vida adulta, por lo tanto, tampoco suele ser mejor en muchos casos. Para ejemplificar mejor esto, quiero mencionar algunos ejemplos: Existen mujeres que se sienten constantemente presionadas a justificarse porque no tienen hijos; a muchos hombres se les etiqueta como homosexuales por no tener novia o esposa; a personas homosexuales se las descalifica de una vez como hombres o mujeres por su orientación del deseo erótico; algunas mujeres en la menopausia se sienten “menos mujer” por perder la capacidad de reproducirse, como si eso fuera el requisito más importante para ser mujer; los hombres deben ser fuertes, sexualmente activos y sacar adelante a su familia; las mujeres deben ser frágiles, sexualmente receptivas y cuidar los niños; y todos deben mantenerse jóvenes para siempre.

La lista es interminable y es una lista frustrante para la mayoría de las personas porque casi nadie puede cumplir con todas estas condiciones y estándares. Y la realidad es que no deberían hacerlo. Ser hombre o ser mujer no es un examen para ganar. Es más, estos estereotipos nos limitan demasiado en nuestra forma de ser y expresarnos en general y no nos ayudan a desarrollar una autoestima y autovaloración saludables y positivas.

La cuestión es más simple de lo que pensamos y al mismo tiempo sigue siendo bastante difícil. Si yo me autoidentifico como mujer, pues soy una mujer: auténtica y completa con el cuerpo que tengo, los intereses y gustos que prefiero y con mi forma de ser tan única e irrepetible que manifiesto. Nadie puede descalificarme como mujer. Ninguna ropa y ningún comportamiento o interés me hace más o menos mujer y tampoco las distintas partes de mi cuerpo. Lo mismo sucede con los hombres.

No se trata solamente de aceptar la identidad sexual de un niño o una niña y apoyarle para que se desenvuelva libre y felizmente de acuerdo con su forma de ser tan particular, sino también permitirnos a nosotros mismos querernos y aceptarnos tal como somos.

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