“Ellos”

Por: Licda. Karin de Schwank, Psicóloga Clínica

Mucho oímos sobre mujeres. Pero “Ellos” también merecen ser descubiertos, comprendidos y celebrados. Es muy común hacer conclusiones estereotípicas sobre los hombres. “Todos los hombres son iguales”, es una frase muy común entre mujeres, refiriéndose a que son infieles, fríos, desamorados, desordenados, etc. También puede referirse a que los hombres sólo piensan en sexo, a que no saben escuchar, a que un buen hombre es un buen proveedor, etcétera, etcétera. Cuando encontramos en nuestra experiencia un detalle que se asemeja a alguno de estos estereotipos, confirmamos el paradigma y lo asumimos como una verdad absoluta.

Sin embargo, creo que es necesario detenernos un poco. Los hombres merecen ser reconocidos en sus verdaderas intenciones. No he sido hombre en esta vida, pero la vida me ha otorgado la oportunidad de conocer aspectos profundos de los corazones de algunos hombres. Lo que he visto es que una y otra vez se repiten sus deseos, sus frustraciones, sus aspiraciones y sus necesidades. Quiero en esta oportunidad hacer un intento para ser una voz de esos corazones. No se si lograré expresar la totalidad de las aristas de sus formas, pero haré el intento de expresar lo que he escuchado y aprendido en el camino.

“Nazco. Desde que se evidencia mi género, mis cuidadores empiezan a generar una imagen de “Superman” de mí. Todos quieren verme crecer fuerte e inteligente. Mi mundo demanda grandes responsabilidades: quieren que yo sea aplicado, obediente, responsable y siempre feliz. Sin embargo, yo sólo quiero estar afuera, jugando con mis carritos y descubriendo mundos encubiertos en lodo y grama. Las junglas y los bosques me apasionan, pues en ellos puedo encontrarme con los dragones a quienes tengo que vencer para prepararme para el rescate de mi doncella. Me gusta el aire libre, las aventuras, las cosas impredecibles, descubrir cosas nunca antes vistas y no me gusta tener que atender al reloj.

Me gusta reír. Me gusta reír mucho. No me gusta tener que pensar muy profundo. Hablar de las fuerzas de los gases expulsados y competir con mis amigos al respecto es uno de mis pasatiempos favoritos. Si otros se ríen conmigo, los consideraré mis amigos. Mi simpleza me permite reconocer a un amigo en su capacidad de generar carcajadas. Las lágrimas no me gustan. No combinan con mi traje de “Superman”. Las lágrimas viven en lo más profundo de mi corazón y son muy pocos los privilegiados con quienes me atrevo a compartirlas. Cuando lloro, lloro en silencio y en privado. No me gusta que otros sientan tristeza ni lástima por mí. Si hay un sentimiento de lástima, me siento desvalorizado. Quiero siempre ser “Superman” para otros, en especial para mi madre. De mi padre me gusta sentir que me admira. Todas mis aventuras y mis éxitos son para que él me otorgue el visto bueno y así ser como él. Mi padre es mi héroe. No hay hombre como él. Y si la vida no me otorgó un padre al quien admirar, me lo invento.

Quiero ser un hombre de bien, quiero que me quieran. Cuando me admiran, crezco por dentro. Si me critican, me rompen en pedazos incontables. Los pedazos son como vidrios punzantes y cortantes que hacen sangrar mi corazón con ideas que al no ser aceptado, dejarán de quererme. Sólo quiero que me quieran. Quiero aportar al mundo, quiero que mi existencia tenga sentido. Cuando me criticas y hablas mal de mí, se me acaba el aire. Busco excusas para sentirme poderoso, pero la verdad es que sin tu admiración hasta caminar se me hace difícil. Haré todo tipo de hazañas para demostrar lo capaz que soy y así poder ser amado.

El amor es lo que me arma por dentro. Si me dices palabras dulces, yo voy al cielo y bajo las estrellas por ti. Si me dices que me necesitas, puedo colgar mi traje de “Superman” y caminar en la tierra en vez de seguir volando intentando rescatarte. Rescatarte es para lo que vine al mundo; no se cómo estar frente a ti, verte llorar y no transformar las galaxias para que tu corazón nunca más sienta ese dolor.

Si me dices que me amas, voy a los otros universos y hablo con el creador de todos los mundos para que cambie la fórmula de la vida y así hacer perpetua tu felicidad. Quiero inmortalizarte, que vivas para siempre de tal forma que tu sonrisa y tu gozo sean lo que alumbre y dé calor a la humanidad entera. Quiero servirte, estar a tus pies, hacerte sentir segura, hacerte sentir que eres la más bella, la más adorable, la más maravillosa. Pero por favor, ¡por favor!, dime palabras dulces. La primera palabra ácida que venga de ti me destruye.

¿Y sabes? A veces se me olvida ponerme el traje de “Superman”. A veces me canso. Y cuando estoy hecho pedazos por dentro y el océano de lágrimas quiere ahogarme, tengo un fiel amigo que me otorga poder. Es parecido a los monstruos que más te atemorizan, es esa voz que demanda atenciones, acciones y que a veces te desvaloriza. Ese monstruo no es más ni menos que esa voz que surge cuando me estoy ahogando, cuando ya no se que más hacer para que me mires, para que me digas que valgo, para que me ames. Si tú me amas, me salvas. Dime que me amas… y vivamos en las estrellas.”

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