El hombre, la ecología y la carencia de valores éticos en el mundo

el hombre y la ecología

el hombre y la falta de valores en el cuidado del medio ambiente

Por: Lic. Mayron España, Director Ejecutivo E-Waste de Guatemala

Vivimos en una época en la que se habla mucho acerca de temas ambientales como el cambio climático, los gases de efecto invernadero, la contaminación ambiental, las emisiones de CO2 y muchos otros más que tienen relación con la degradación del medio ambiente. Lo cierto es que cada día que pasa, el lugar en donde la raza humana habita se deteriora cada vez más y la incógnita es: ¿Cómo podemos solucionar esta problemática ambiental de tal forma que el planeta se recupere o por lo menos se mantenga y no se deteriore más?

Muchos opinan que el origen de la situación ambiental actual es el desmedido consumismo humano; otros la atribuyen a la falta de educación ambiental. Existen quienes incluso les dejan la responsabilidad a los gobiernos, mientras que los más ingenuos, al crecimiento poblacional.

A continuación presentaré otra hipótesis sobre el origen de esta problemática y sus efectos: El hombre es un cúmulo de conocimiento, costumbres, hábitos, comportamientos, principios y valores que dan forma a su desarrollo en la sociedad. Todas estas variables intangibles rigen el actuar del ser humano y le ayudan a definir lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Pero las que hacen al hombre ser digno de imitar son los principios y valores que posee.

Cuando se analizan cuáles son las carencias y los problemas que afrontan nuestras sociedades, culturas y países, vemos que cada día más personas carecen de principios morales y éticos. Todos quieren salir adelante y cosechar éxitos en los distintos ámbitos de la vida, pero muchos lo hacen a cuestas de lo que sea, justificándose en esa frase sin escrúpulos: “El fin justifica los medios”. Es así que el hombre le hace daño a todo lo que le rodea.

La ambición desmedida hace que al hombre no le importe cuánto debe de tomar del planeta con tal de obtener lo que desea. La envidia domina sus pensamientos y hace que el hombre viva en una constante lucha y competencia con quienes le rodean. Su objetivo es tener más de todo que los demás. La mentira aparece cuando el alcance de sus propósitos se ve afectado, lo que lo lleva a situaciones falsas y engaños para tomar de la naturaleza cuanto recurso necesite. Es entonces que aparece la hipocresía, la cual se utiliza para que, valiéndose de todos los medios, pueda presentar dos caras a quien necesita ayuda, de tal forma de obtener recursos valiosos.

La avaricia empieza por acumular riquezas para obtener poder y así dominar a los menos favorecidos. Esta situación hace que la pobreza se enraíce más en nuestras sociedades y que los recursos no lleguen a quien lo necesita. La falta de voluntad y la indiferencia nos toman de la mano y nos aíslan en un mundo en el que cada día escasean las soluciones y las propuestas positivas de mejora.

Ante esta falta de valores, muchas personas se preguntan: “¿Y qué puedo hacer por el medio ambiente?”. La respuesta es sencilla: Busque dentro de usted y regrese a los principios éticos, morales y espirituales que forjaron a sus padres y a sus abuelos y podrá saber cómo aquellas personas con menos recursos y con más voluntad lograron cosas maravillosas.

No depende de los gobiernos ni de las empresas el cambiar el deterioro del planeta. Depende de cada uno de nosotros lograr que la Tierra pueda seguir en este universo lleno de maravillas y milagros. Cuidemos el agua, protejamos la naturaleza, alejémonos del consumismo, estudiemos más formas de preservar el ambiente y seamos responsables de nuestros actos. Administremos nuestros recursos naturales como si la Madre Naturaleza nos fuera a preguntar mañana qué hemos hecho con lo que ella nos ha dado. Seamos factores de cambios que motiven y generen acciones positivas.

El hombre ha sido capaz de grandes hazañas y hallazgos. Reencontremos el camino y guiemos a nuestros hijos y a nuestros nietos con valores y principios éticos y morales que perduren por siempre.

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