El futuro ambiental de nuestros hijos y su efecto en su salud

Por: Lic. Mayron España, Director Ejecutivo E-Waste de Guatemala

En esta época se habla mucho de todo lo que puede afectar a nuestros hijos en cuanto a su buena salud, pero por lo general, no logramos identificar lo que les afectará en el futuro. De allí que como padres debemos de estar conscientes de los riesgos potenciales que los amenazarán, entre ellos los relacionados al medio ambiente, sobre todo la contaminación ambiental.

Nuestros padres lucharon para curarnos de gripes de temporada, sarampión, escarlatina, viruela y la temible poliomielitis. Esta última fue erradicada en los años 90’s en Guatemala. La salud infantil era entonces un tema de cuidado, de protección y de amor. Los casos especiales de leucemia, cáncer, infecciones en vías respiratorias, afecciones en la piel y problemas de envenenamiento por metales pesados eran muy aislados.

En el futuro, las enfermedades tendrán otro origen.

La contaminación ambiental será la fuente y madre de una gran mayoría de los males que afectarán a las generaciones venideras. ¿La causa subyacente? La mayoría de los recursos naturales contendrán metales pesados, dioxinas, furanos y envenenamiento con desechos tóxicos.

Hoy en día, los países desarrollados concentran sus esfuerzos en cuidar de sus habitantes desde la medicina preventiva, lo que incluye el control de los indicadores ambientales para estimar las potenciales amenazas a la salud. En el caso de los países en desarrollo, la situación se presenta de diferente forma. La medicina es más correctiva que preventiva, por lo que la contaminación ambiental y el manejo de los residuos tóxicos (inclusive radiactivos) son un obstáculo que muchos no pueden librar.

De acuerdo a lo anterior, es imprescindible identificar a los más vulnerables en esta “guerra ambiental” y sus consecuencias en la salud, es decir los niños de nuestro planeta, que muchas veces son nuestros propios hijos, nuestros sobrinos, nuestros nietos, nuestros ahijados y, en último caso, los hijos de nuestros amigos. Dicho de otra forma, la “factura ambiental” negativa que generamos todos los adultos de las últimas tres generaciones –esa factura de contaminación y enfermedad– será pagada por los niños de esta generación (y varias más), es decir, los adultos del mañana.

Hace un tiempo me hice la siguiente promesa personal: “Hoy soy un hombre de 47 años de vida. Si la expectativa de vida en Guatemala es de 67 años, entonces me restan 20 años de vida, los cuales me he propuesto utilizar para cuidar, proteger y contribuir con el cuidado del ambiente en Guatemala. De esta forma podré garantizar los próximos 50 años de vida de mis hijas y los más de 70 años de vida de mis nietos”.

Existe una realidad y es que cada día que pasa, nuestro planeta se degrada más y más y con él, la salud de las generaciones actuales, pero lo más importante, la salud de las futuras generaciones. ¿Qué harás tú por cuidar la salud infantil?

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