El error de madres/padres en solucionar los problemas de los hijos

Por: Lcda. Ingrid Fleischer, Psicóloga Industrial y “Life Coach”

Juan Diego llegó afligido a casa un día después del colegio. Su aflicción era porque Rodrigo le había perdido una piedra de su colección. Su mamá, preocupada por la intranquilidad de Juan Diego y con la intención de recuperar la piedra, llamó y envió un mensaje a la mamá de Rodrigo. Al no tener respuesta, abordó el tema en el chat comunal de las madres del grado. Al reclamo, se sumó otra mamá, pues su hija también había tenido algún conflicto con Rodrigo. Alguien les comentó que no era el lugar para hacer dicha denuncia y reclamo, pero la historia no quedó ahí…

Al indagar con otros niños del grupo, una de ellas comentó que la piedra era una piedra que había llevado Javier al colegio y que a ella le había gustado mucho, por lo que Javier se la regaló. Al ver Juan Diego la piedra y comentarle su admiración por la misma, ella accedió a prestársela un día, con la condición de devolverla al día siguiente. Cosa que no sucedió, mas bien, Javier vendió por una módica suma, la misma piedra a Juan Diego.

Rodrigo encontró la piedra en la clase y la llevó a casa, y una vez ahí, la perdió. Esta fue la situación que desencadenó los reclamos y la señalización pública por parte de la mamá de Juan Diego en un chat comunal.

Fue así que una mamá comentó que ese no era el lugar para hacer dicho reclamo, a lo que se se sumo otra mamá, quienes indicaron que lo que estaban haciendo como madres era el afamado “bullying”.

Los niños son naturalmente hábiles y creativos negociadores. Tienen visión de resolución de conflictos y son capaces de sortear sus necesidades de maneras muy variadas. Por este camino es que llegamos a la adultez. Como lo he expuesto en otros artículos y escritos que he compartido, sostengo que es el adulto el que altera los estados naturales y sanos de los niños, orientándolos a perder sus talentos naturales. Hoy no vengo a exponer lo que los niños hicieron, pues al día siguiente, entre ellos, el tema había sido olvidado, dejado en el pasado y estaban ya con otras inquietudes. Ahora era un dulce regalado…

Las mamás, sin embargo, intentaron continuar con el asunto. La mamá de Rodrigo estaba en una reunión de trabajo en el momento de recibir los mensajes, por lo que no fue capaz de responder a los mismos. Y al momento de recibir la llamada, no la continuó, pues tenía laringitis y efectivamente le era imposible hablar. Y si a eso le sumamos un reclamo por robo hacia su hijo, decidió terminar la llamada. Es ahí donde la mamá de Juan Diego aboga por su hijo y por la justicia ante un “grupo de apoyo”. Ninguna mamá tenía la historia completa, ni toda la información, ni todos los recursos necesarios para apoyar a los niños a resolver su conflicto.

Con este ejemplo lo que deseo es evidenciar las “piedras” que los adultos tomamos y llevamos con nosotros en nuestros bolsillos. Quiero demostrar cómo elegimos las batallas y cómo le enseñamos a nuestros hijos a tomar decisiones. Todo el tiempo reaccionamos ante las amenazas de otras personas y del entorno; eso no es tomar decisiones, es algo automático. Lo que naturalmente buscamos es protegernos, resguardarnos y recuperar el estado estable, normal y controlado en el que creemos estar. Sin embargo, no es así. Es el adulto el que enseña al niño a generar un conflicto en función de la propiedad de una piedra. ¡Una piedra! Señoras, ¿a qué piedras nos estamos aferrando?

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