Cómo tener vacaciones ecológicas –Un “Back to Basics” a las vacaciones de otrora

Por: Lic. Mayron España, Director Ejecutivo E-Waste de Guatemala

Desde hace unos años, he reflexionado sobre cómo tomar acciones que cambien mi vida y la vida de las personas que me rodean, incluyendo acciones que ayuden al ambiente y contaminen menos nuestro planeta. En una de estas reflexiones, recordé cómo eran los viajes que hacía con mis papás y mis abuelos a la playa y al campo.

La primera decisión era la elección del lugar, la cual era muy importante de acuerdo a la distancia a recorrer. Los lugares preferidos eran el parque de Florencia y por supuesto el puerto de San José. Estas elecciones tenían el propósito de ahorrar combustible. Hoy, esta decisión es muy importante para reducir nuestra huella ecológica a través de la disminución de la emisión de los gases de efecto invernadero por el dióxido de carbono producido.

La segunda decisión era la hora de salida para aprovechar al máximo el día de paseo. Muchas veces salíamos de madrugada, como si fuera un día normal de colegio y de trabajo. Esto tendría hoy un gran impacto positivo para el planeta porque no se generaría tanto tráfico ni tanta contaminación ambiental. Actualmente, cerca de 500,000 personas salen a veranear cada año, lo que genera grandes congestionamientos de tráfico en las carreteras.

La tercera decisión (y la más importante de tomar) eran los alimentos y las bebidas a consumir durante el viaje. El menú incluía desayuno, almuerzo y hasta refacción algunas veces. El desayuno consistía de huevos duros, una o dos maletas de frijoles volteados, plátanos fritos, queso fresco, pan, café en envase termo, leche y jugo de naranja exprimido esa madrugada. En algunos casos, la abuelita nos impresionaba con su delicioso “tamal de viaje”. Increíblemente, este menú nos provocaba a todos los miembros de mi familia de mucho amor y al mismo tiempo, respeto por el ambiente. Hoy, lo común es comprar comida ya preparada y empacada en envases de plástico, duroport, papel y/o cartón.

Este último tema es el centro de mi preocupación y reflexión en cuanto al cambio de hábitos en mi vida. Al día de hoy, cada guatemalteco genera aproximadamente cinco libras de residuos sólidos al día. Esto representa un total de más de ochenta millones de libras de basura al día. En la época de verano y de fin de año, esta cantidad aumenta de 40 a 50%.

Para citar un material, el poliestireno expandido (o “duroport”, como mejor se le conoce) es un residuo sólido que dura más de 500 años en biodegradarse. Para dar tan sólo un ejemplo de su altísima resistencia y durabilidad, muchos países desarrollados lo utilizan como una capa pre-asfáltica en la construcción de carreteras de alta velocidad.

Regresando al menú de ese día de viaje en familia, el almuerzo era cocinado en el lugar. Se llevaba la carne para el asado, así como tomate, cebolla, cilantro, limón y sal para el famoso chirmol. También se llevaban aguacates para preparar el guacamol. Se llevaba un delicioso arroz preparado en casa y una deliciosa ensalada rusa. De postre llevábamos frutas y un refresco natural hecho en casa para tomar. Y luego, disfrutábamos de un segundo termo de café y quizá una deliciosa magdalena para la refacción. Todas estas viandas se transportaban en recipientes, envases y ollas herméticas, delicadamente cuidadas, y se servían en platos y cubiertos de la vajilla familiar. Al final del día, todos estos utensilios y recipientes se regresaban a casa. Nada se tiraba.

Durante el día se realizaban diversas actividades, como jugar futbol, juegos de mesa, adivinanzas y contar chistes. Por supuesto que también nadábamos y “chapoloteábamos” en la playa y en las olas del mar. Verdaderamente era un viaje muy alegre y divertido.

El final del viaje era para recoger todo, incluyendo los utensilios y equipo utilizados para el almuerzo, así como las pelotas, los juegos y la ropa. En cuanto a la basura o residuos sólidos, no teníamos nada que recoger pues no había… Talvez un poco de residuo orgánico de las verduras y las frutas consumidas. Increíble, ¿verdad? Había sido un viaje realmente amigable con nuestro ambiente.

Si bien es cierto que era un viaje familiar muy alegre y a la vez económico, era una actividad muy ecológica. Es admirable como mis padres y mis abuelos, sin contar con estudios en ambiente, eran más ecologistas que muchos de nosotros. No tiraban basura, ya que no compraban bolsas de “snacks” ni alimentos procesados, no consumían bebidas en PET y no utilizaban bolsas de plástico, materiales que luego se constituyen en residuos sólidos en los basureros, muchos de los cuales tarde o temprano llegan a nuestros ríos, lagos y mares.

Hoy, estamos tan sumergidos en el consumismo de productos que nos brindan comodidad, conveniencia y facilidad, que olvidamos que nos convertimos en generadores y productores de grandes cantidades de contaminación y basura. Al mismo tiempo, dejamos de reconocer que cada día gastamos recursos económicos en contaminar el lugar en donde vivimos.

Podemos cambiar de casa, de zona, de municipio, de departamento, de país y de continente inclusive, pero no podemos cambiarnos de planeta. Le invito entonces a recordar la vida que teníamos de niños para vivir de esa forma ahora de adultos, así como a inculcar esos hábitos ecológicos en la niñez de hoy. Regresemos a nuestros principios básicos y busquemos dentro de nosotros y de nuestras familias los valores humanos que nos enseñaron nuestros padres y abuelos. Seamos más como antes y menos como ahora. Como se dice en inglés, hagamos un “Back to Basics”; regresemos a lo básico, a lo sencillo, a lo natural y a lo que ayude a nuestro planeta a recuperar su condición.

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