¿Cómo tener una vida saludable?

Por: Lcda. Irene Buonafina, Nutricionista y Salubrista Pública

Hace poco una persona me preguntó: “¿Qué es lo mejor que puedo hacer para tener una vida saludable?”. Pareciera ser una pregunta sencilla de responder, pero no es así, ya que no existe una sola forma para tenerla. De hecho, la salud es algo tan complejo que su cuidado requiere de prestarle atención a un sinfín de factores que llegan a afectarla, a veces de manera aguda y otras de forma crónica y progresiva, inclusive en ocasiones de forma inevitable, como ocurre con la genética.

Mi respuesta fue corta y al grano: “Cuidar CUERPO, MENTE y ALMA”, más no sencilla y fácil de llevar a cabo.

Empecemos por el cuidado del cuerpo físico.

Para tener un cuerpo saludable, debemos nutrirlo y ejercitarlo. La nutrición es uno de los pilares para el buen funcionamiento de todas las funciones metabólicas, anabólicas y hormonales, entre muchas más. La dieta diaria debe incluir cantidades suficientes de verduras y frutas (idealmente la mitad del plato en cada tiempo de comida), granos integrales, semillas, cereales, pescados, proteínas magras, lácteos bajos en grasa y agua, así como cantidades mínimas de alimentos procesados, los cuales suelen ser altos en azúcares, harinas refinadas, grasas trans y grasas.

El ejercicio es otro de los pilares para la salud.

Sus beneficios van más allá de promover la salud cardiovascular y un peso adecuado. Lo importante es que por lo menos cuatro días a la semana nos ejercitemos durante media hora seguida con ejercicios aeróbicos y además incluir ejercicios de resistencia y de flexibilidad. Cuando esto no es posible, podemos dividir estos 30 minutos en tres intervalos de diez minutos a lo largo del día.

Sigamos con el cuidado de la mente.

Quien dijo que la mente es muy poderosa, estaba lleno de razón. De la mente se derivan todos nuestros pensamientos, los cuales tienen un alto impacto sobre nuestro estado de salud y de bienestar. Si son positivos, nos ayudarán a estar bien, mientras que si son negativos, contribuirán a la generación de emociones no deseables que nos llevarán a situaciones como ansiedades, rencores e iras. A largo plazo, los malos pensamientos y las emociones negativas pueden llegar a conducir a enfermedades mentales, entre ellas la depresión y múltiples formas de adicciones. Eventualmente, condiciones mentales pueden llegar a somatizarse y afectar al cuerpo físico, dando lugar a dolores de cabeza tipo migraña, indigestión, diarrea, estreñimiento e incluso, en algunos casos, cáncer.

Y para finalizar, el alma.

Si vemos al ser humano como un ente con varias dimensiones, el alma vendría siendo la que está por encima de todas, como un paraguas, albergando a nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones. Aunque muchos le dan una denotación religiosa, la existencia del alma es independiente de que seamos o no creyentes. El alma viene siendo esa parte inmaterial del ser, que nos da sustancia, viveza y energía. Para cuidarla, debemos vivir de forma auténtica, sin máscaras ni disfraces. Es decir, ser nosotros mismos ante el mundo. Claro, esto no quiere decir que no tengamos filtros. Vivir de forma auténtica es seguir el llamado que sentimos por dentro, de aquello que creemos es nuestra misión en la vida, siendo la mejor versión de nosotros mismos.

Es así que, para tener una vida saludable, debemos enfocarnos en cada uno de los planos o dimensiones del ser: cuerpo, mente y alma -siendo esta última la que, al manifestarse en su máximo esplendor, nos ayudará a tener las herramientas necesarias para el cuidado del cuerpo y de la mente y todas sus emociones.

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