¿Verme bien en el espejo o sentirme a gusto con mi cuerpo?

Por: Lcda. Irene Buonafina, Nutricionista
@IreneBuonafina

Vivimos en una era en la que el aspecto físico tiene un papel muy importante en los distintos ámbitos de la vida, sobre todo el social y el laboral. También es relevante en ámbitos muy íntimos, como el sentimental, el sexual e incluso el personal.

En algunos círculos sociales, las mujeres compiten entre sí por ser la del mejor cuerpo, la de la cara más bonita, la que se viste a la última moda, la mejor maquillada y la que tiene la piel bronceada, entre muchas banalidades más. Me atrevo a decir que algo parecido, pero no en la misma magnitud, ocurre con los hombres.

A nivel laboral, los reclutadores de personal suelen tener preferencia por las personas “bonitas”, aunque no cumplan al cien por ciento con los requisitos más importantes, como la experiencia laboral y los títulos académicos. Lo mismo ocurre, pero a la inversa, con las personas obesas, ya que la obesidad es un factor en contra de quienes buscan trabajo.

Es común que las personas solteras que están en búsqueda de una pareja le presten muchísima atención a su aspecto físico. Al verse física y sexualmente atractivos, les resultará más fácil conseguir pareja y entablar una relación sentimental. Además del aspecto personal, también se busca a una pareja que cumpla con los mismos estándares físicos, ya que será parte del “look” que tendrán una vez estén juntos.

En el ámbito sexual, tanto hombres como mujeres buscan verse sexualmente atractivos para satisfacer las necesidades de la pareja. Lamentablemente esto lleva a que algunas personas se enfoquen más en su atractivo sexual que en lograr esa conexión íntima con la pareja, lo que al final es lo que los mantiene unidos.

Y a nivel personal, el aspecto físico puede afectar, positiva o negativamente, la identidad de una persona, es decir, la conciencia que tiene de ser ella misma. En lugar de identificarse de forma sana, es posible que lo haga con disgusto e incluso vergüenza.

En ocasiones, la búsqueda de un aspecto físico atractivo puede llevar a algunas personas a perseguir a toda costa una apariencia física inalcanzable e incluso irreal. Un ejemplo de esto son las señoras de más de 50 años que quieren verse de 25, para lo que recurren a botox, “face lifts”, “eye lifts”, colágeno en los labios, liposucciones, abdominoplastía, etc. Al someterse a todo tipo de cirugías y procedimientos estéticos con tal de verse como una estrella de Hollywood, lo que logran es parecerse a alguien más que a ellas mismas, además de tener un rostro sin expresión.

Estoy segura que lo que he expuesto anteriormente no es nada nuevo para nadie. Lo que busco en realidad es que todos reflexionemos sobre esta situación que agobia tanto a adultos como a niños y a adolescentes. Buscar esos estándares de belleza, al final del día irreales, nos lleva a escondernos de nosotros mismos y a no mostrarnos al mundo como somos, algo que en definitiva no queremos para nuestros hijos.

Empecemos entonces por darles el ejemplo, aceptándonos como somos, pero siempre cuidando la salud a través de una dieta balanceada, la práctica regular de ejercicio, buscando la salud mental-emocional y promoviendo nuestra espiritualidad. Al mismo tiempo, considero fundamental que nos preguntemos (y les preguntemos): ¿Qué es más importante, vernos bien en el espejo o sentirnos a gusto con nuestro cuerpo?

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