Nuevas responsabilidades en la cama para hombres y mujeres

Por: Lcda. Eileen Ranscht, Sexóloga

Durante muchos años el rol del hombre y la mujer en las relaciones sexuales eran bien claros y bastante simples. En el matrimonio, el hombre tenía el derecho de que su mujer lo atendiera sexualmente cuando le diera la gana y sin importar si ella quería o no. La mujer ni siquiera era considerada como una persona con deseo sexual propio. Muchas mujeres -les guste o no les guste esta situación- asumieron este rol pasivo por haber recibido una educación “incuestionable” por miedo al abandono, entre otros motivos.

Con el transcurso del tiempo, afortunadamente, esto ha cambiado mucho. Bueno, quizás no en todas partes, pero en general, el rol del hombre y de la mujer en los encuentros eróticos ya no están tan predeterminados. El reconocimiento de la sexualidad femenina y los derechos sexuales para ambos, hombres y mujeres, han generado un proceso de re-definición de los roles que continúa hasta el día de hoy.

No es nada fácil de adaptarse a la nueva libertad sexual que está garantizada por las leyes -al menos teóricamente- en donde también las mujeres pueden decidir cuándo, con quién y cómo quieren tener relaciones sexuales. Superar las ideas internalizadas sobre la sexualidad y la erótica es más difícil de lo que se piensa, no sólo para los hombres, sino también para las mujeres.

La situación es todavía más complicada si consideramos que no se ha implementado una educación sexual adecuada para aclarar los derechos sexuales y educar a hombres y mujeres sobre las responsabilidades éticas acerca de las relaciones eróticas.

Actualmente parece que hubiera más confusión e inseguridad al respecto. Todavía hay hombres que ignoran los derechos de la mujer y que se interesan únicamente por su propio placer. Sin embargo, también existen mujeres que no conocen sus derechos o simplemente no se atreven a exigirlos. Muchos de estos casos es porque han aprendido que una mujer no debe exigir placer sexual o que no se debe rechazar al esposo cuando él quiere tener relaciones sexuales. No quieren disgustarle y tienen miedo de que las vaya a rechazar por eso. Lamentablemente, estas ideas no están tan lejos de la realidad. Aún existen muchos hombres que se sienten amenazados cuando la mujer sabe lo que quiere y necesita para sentir placer.

Por otro lado, también hay hombres que reconocen muy bien los derechos de la mujer y quieren satisfacerlas. Eso es bueno para la mujer que sabe comunicar lo que quiere. De lo contrario, se vuelve un juego de adivinanzas con grandes expectativas por parte de la mujer. Algunas mujeres quieren que el hombre les dé placer, pero exigen que él tome el rol activo en el encuentro y que sea él quien mágicamente les despierte el deseo sexual. Esto es una gran presión para el hombre y puede ser aún más problemático si él considera la satisfacción sexual de la mujer como una confirmación de su masculinidad.

Las relaciones sexuales en las que realmente nadie sabe o no expresa lo que desea podrían convertirse en un desastre, ya que muchas veces las frustraciones causadas en los encuentros eróticos se trasladan a todos los aspectos de la relación de pareja.

Entonces, ¿cuáles son las nuevas responsabilidades en la cama (o donde sea que se lleve a cabo el encuentro)? Para empezar, debemos tomar en cuenta que cada miembro de la pareja debería conocerse a sí mismo y saber lo que le gusta y lo que desea. Lo más importante -pero a menudo más difícil- es aprender a comunicar lo que a uno le gusta y lo que desea, que no siempre suele ser lo mismo. Los roles no deben ser fijos. A veces el hombre toma el rol activo y otras veces, la mujer. A muchos hombres todavía les cuesta tomar el rol pasivo y simplemente disfrutar. Lo mismo les sucede a muchas mujeres, pero a la inversa.

En general, es imprescindible que ambos mantengan un cierto nivel de egoísmo. Esto no quiere decir que hagan lo que les dé la gana sin considerar al otro, sino disfrutar y abandonarse en su propio placer sin preocuparse únicamente por el otro. Recordemos que cada uno es responsable de su propio placer. Nadie debería esperar que el otro sepa qué hacer y cómo hacerlo para pasarla bien.

A veces nos cuesta hablar o enseñar lo que nos gusta, quizá porque nos da vergüenza, porque nos parece poco romántico o porque pensamos que va a herir los sentimientos del otro. Sea cuál sea la razón, en realidad vale la pena platicarlo para que las mujeres asuman un rol más activo y los hombres aprendan a compartir la responsabilidad en el encuentro erótico. Este tipo de comunicación no sólo va a mejorar la vida erótica, va a profundizar el vínculo íntimo dentro de la pareja.

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